¿La felicidad es acaso mi enemiga?

Hola tu, mi anhelo.
Si, tu. A ti te hablo.
A ti, sentimiento.
Un amor, una canción, un bocado, un simple respiro.
Estás en todo, pero vienes y te vas.
Eres cruel y tortuosa.
Alegras el corazón herido, dejando luego el vacío de tu ausencia.
Deambulante la memoria, que recorre hasta el mínimo recuerdo, en búsqueda de restos de ceniza de la flama que en aquellos lares prendiste.
Danzante, intensa, irreversible.
Eres traicionera.
Aquel que no te conoce, puede existir sin tu presencia.
Al conocerte, como droga en las venas, dejas tus eternos restos, volviéndonos adictos.
Mientras mas apareces, más te deseamos.
Y luego más larga tu ausencia y más profundo el desespero.
Así los minutos sean iguales, pasarán mas lentos. Más tortuosos.
He aquí donde confirmas que es mejor el que no espera lo bueno, porque cuando llega le sorprende. Pero si no llega, no le afecta.
Aquel que no le conoce, no sufre por su ausencia.
Pero al conocerle, no hay vuelta atrás. 
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